jueves, 13 de mayo de 2010

Reykjalid, Grimstadir, Fellabaer, Egilsstadir, Redarfjordur, Eskifjordur, Fáskrudsfjordur, Höfn ...16 de agosto de 2009

Hoy hemos dormido un poco más, viendo que llevamos un ritmo acelerado en el recorrido. Salimos cerca de las 10 de la mañana rumbo al este del país. Atravesamos las montañas pasando algunos pequeños pueblos como Grimstadir, pero sin detenernos. La primera ciudad que encontramos fue Fellabaer, pequeña y sin otro atractivo que compartir el río Lagarfljót y su lago Lögurinn con la vecina Egilstadir, la principal ciudad de esta región. Aprovechamos para poner gasolina y comprar en el Bonus, que abre incluso los domingos, algunas cosillas que nos iban faltando. La guía sólo recomendaba pasear por las orillas del lago, que según los islandeses y los antiguos libros de la localidad, es el hábitat de un monstruo marino, el Lagarfljótsormurinn, pero a nosotros esto no nos convenció y seguimos conduciendo hasta Reydarfjordur. Esta ciudad da entrada a los fiordos orientales, con unos paisajes espectaculares de mar y montaña y una industria de aluminio que le da importancia económica. Rodeamos la montaña Hólmantindur hasta llegar a Eskifjordur, una pequeña población al otro lado de esta montaña que no recibe los rayos del sol la mayor parte del año. Los habitantes se dedican al proceso del pescado gracias a la moderna planta congeladora de productos del mar que está decorada con pinturas murales del español Baltasar. Decidimos visitar el museo marítimo Sjóminjasafn Austurlands, ubicado en la casa más antigua del pueblo que data de 1816 llamada Gamla-bud. Como el resto de museos marítimos que hemos visitado, este conserva artes de pesca y cachibaches del siglo pasado que los habitantes de pueblo han donado. Nos recibieron dos amables señoras que ocupaban su tiempo tejiendo  y charlando mientras esperaban que apareciera algún turista. Es curioso que nos dejaran tocar los objetos expuestos, hacer fotos desde todas las perspectivas y además al terminar la visita nos ofrecieron café que ellas mismas hacen en el museo. Creo que nosotros fuimos los primeros en llegar en esa semana, según constaba en el libro de visitas.  Seguimos bordeando el fiordo, volviendo a pasar por Reydarfjordur. Cogimos la carretera 96 que atraviesa las montañas a través de un túnel hasta Fáskrudsfjordur. Esta ciudad también conocida como Budir, debe su nombre a la isla Skrudur, situada frente al fiordo que alberga una de las mayores colonias de frailecillos. Pescadores franceses fundaron esta pequeña ciudad en el siglo XIX, por lo que las calles conservan sus nombres en este idioma y en islandés. Bordeando el fiordo encontramos la isla Skrudur, hicimos unas fotos a las ovejas y nos dimos cuenta de que llevábamos el mar al otro lado, por lo que estábamos volviendo hacia el norte. Tomamos nuevamente la carretera 96 que sigue la línea costera, pasando por Stodvarfjordur, Breidalsvik y Djúpivogur, ciudades con poco atractivo turístico, exceptuando la naturaleza y el paisaje del camino. En este punto de la isla alcanzamos los 3000 km recorridos y abandonamos los fiordos del este para comenzar a explorar el sur de la isla. La primera ciudad importante es Höfn, donde teníamos pensado pasar la noche. Justo a la entrada del pueblo hay un camping muy bien equipado, con tienda de souvenirs, internet de pago, duchas, cocinas eléctricas y microondas. La noche nos costó 850 kr por persona. Aunque estaba lleno, había muy buen ambiente y pudimos cenar tranquilamente sentados a la mesa y preparar la comida en una cocina eléctrica. El único inconveniente fueron las duchas, que iban con monedas de 50 kr para 2 minutos, así que hay que llevarse unas cuantas en el bolsillo o arriesgarse a quedarse sin agua. Dormimos con menos frio y viento que los últimos días, gracias al "veraniego" clima del sur.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Húsavík, Myvatn, Reikjalid, Krafla, Dettifoss... 14 de agosto de 2009



Nos levantamos muy temprano después de una noche muy fria. Hoy era el día de ver ballenas. Miguel desayunó, pero yo no lo hice para evitar vomitar en el barco. Recogimos la tienda y a las 8:00 ya estábamos camino del puerto. Compramos las entradas para el primer barco que salía a las 8:45 con los Gentle Giants, una de las dos empresas que se dedican al avistamiento de ballenas. La diferencia de precio es mínima pero nosotros teníamos con estos una tarjeta de descuento del 6% que habíamos cogido en el hotel de Reikjavik.
El primer barco libre para avistar ballenas estaba lleno, así que nos ofrecieron por el mismo precio, 44 euros por persona, tres horas de "pesca + ballenas", una hora y media para pescar y otra hora y media para ver los cetáceos. A Miguel le hacía ilusión pescar y nos quedamos con esta opción. Me tomé la biodramina para el mareo y abordamos junto con unas 20 personas más. Para ver ballenas hay que tener un poco de suerte, pues estuvimos una hora navegando y buscando y no encontramos nada mas que frailecillos y gaviotas pescando, ya que el barco no sale de la bahía.
La guía nos iba explicando en inglés sobre los tipos de ballenas que podíamos encontrar en la bahía y si ella o nosotros veía alguna tenía que avisar gritando WHALE. En la última media hora conseguimos perseguir una ballena, quizás un rorcual, y ver la aleta dorsal emerger varias veces a lo lejos, pero podía haber sido un delfín porque no le vimos la cara, jajaja.  
Para mi fue un timo la excursión, y me alegré de haber escogido la opción de pesca que fue muy divertida. La otra hora y media la dedicamos a pescar, sólo habían siete cañas en el barco y demasiadas personas, pero en Islandia necesitas cinco minutos para sacar un pez, por lo que todos pudimos pescar varias veces. Mientras pescábamos, la guía nos ofreció chocolate caliente con croisant que fue perfecto para el frio y para mi ayuno, jaja. Miguel consiguió sacar dos peces, pero uno era muy pequeño y lo devolvimos al mar, luego intentó sacar uno gigante y se le escapó y yo conseguí pescar uno muy grande por primera vez en mi vida. En el camino de vuelta al puerto, el patrón del barco fue limpiando todo el pescado y al bajarnos nos dió el pescado limpio que quisiéramos. Había la opción, en un restaurant del puerto, de que te cocinaran el pescado, pero decidimos llevarnoslo y cocinarlo en el camping.
Nos fuimos al supermercado KASKO a comprar limones para cocinar el pescado y pasamos por la iglesia de Husavik (Húsavíkurkirkja) un edificio de madera importada de Noruega en el año 1907.
Lo más interesante es la pintura del altar mayor que recrea la resurrección de Cristo, pero los personajes que aparecen son habitantes de la ciudad que sirvieron de modelo al pintor. Muy cerca de la iglesia está el museo de los falos (Faloteca), que antes estaba en Reikjavik. El dueño es un islandés que vivió muchos años en España y habla muy bien español, así que la guía del museo estaba en nuestro idioma también. El museo es pequeñísimo y expone los penes de muchos anímales, pero los más interesantes son los de las ballenas, que son gigantes por supuesto. En media hora se ve todo y la entrada cuesta 600 kr por persona.
Salimos de Húsavík en dirección al lago Myvatn y llegamos a Reikjalid para contratar una excursión hacia el interior de Islandia, a la zona de Askja. Reikjalid es una ciudad muy pequeña sin atractivos turísticos pero punto de salida de excursiones hacia el lago Myvatn, Krafla o Askja. En el centro de información preguntamos sobre las excursiones y reservamos el viaje a Askja para el día siguiente por 78 euros cada uno. Acampamos en el camping Byar por 1100 kr la noche por persona y pagamos dos noches. Nos ubicamos a la orilla del lago casi al final del camping, pero cerca de las duchas. Cocinamos nuestro pescado frito que nos supo a gloria después de tantos días de dieta a base de sopas y tallarines. Decidimos recorrer la carretera que bordea el lago Myvatn, pasando por Skútustadir, otra pequeña población del área y ver los pseudocráteres. Nos desviamos hacia Krafla e hicimos nuestra primera parada en Námafjall para ver las pozas de barro hirviente y las fumarolas. La separación oceánica de las placas tectónicas europea y americana pasa justo por debajo de esta área lo que ha ocasionado grietas y fisuras que desprenden sulfuros y azufre y que le dan a la tierra un colorido entre naranjas y amarillos.
Seguimos hasta Krafla, la mayor región volcánica de la isla, pasando por la planta de energía geotermal de Kröflusöd construida en 1973 para aprovechar las cualidades energéticas de la zona. Esta planta ha sido un éxito del gobierno, ya que desde el inicio de su construcción ha sobrevivido a varias erupciones sin haber sido destruida por la lava. La planta no admite visitas así que continuamos por la carretera hasta el parking, para luego recorrer a pie los distintos cráteres de las explosiones de 1975 y 1984. El cráter más grande es el Leirhnjúkur que apareció alrededor de 1727 y es una poza repleta de sulfuros. El camino está señalizado, pero no significa que sea seguro, dada la inestabilidad del subsuelo. El terreno está formado por lava humeante de la erupción de 1984 y en algunos sitios ha aflorado un musgo verde. Hay señales que alertan sobre el peligro de riachuelos que pueden alcanzar los 100 ºC y si la tierra es de un tono muy claro o amarillento es mejor no pisarla pues no tiene consistencia para aguantarnos. La última visita del área la hicimos al crater Viti (Infierno) que surgió justo antes de las erupciones de 1727 y por esa razón fue bautizado de esta manera. En el interior hay un gran lago no apto para el baño y que muchos confunden con el crater Viti de la zona de Askja.

Ya cerca de las 8 de la tarde abandonamos Krafla para acercarnos a la cascada de Dettifoss. El camino era bastante malo y nos costó llegar casi una hora. La catarata es una de las más altas de Islandia con un salto de 44 metros que precipita unos 500 metros cúbicos de agua no cristalina. Cuando llegamos ya no había sol y no pudimos apreciar los arcoiris que se forman en la caida, pero igualmente impresiona la cantidad de agua y el ruido que provoca. Optamos por no visitar la cercana cascada de Hafragilsfos porque estábamos bastante lejos del camping. Llegamos cerca de las 12 de la noche y apenas encontrábamos nuestra tienda ni sitio para dejar el coche, pues el camping estaba a reventar. Cenamos y a dormir.

Ruta de Öskjuleid (Reykjalid-Askja)...15 de agosto de 2009

Salimos a las 8 de la mañana, después de desayunar, en un super autobús 4x4 de la compañía BSI, que nos llevaría a Askja en una jornada de 12 horas de viaje.  En la agencia nos dijeron que lleváramos comida y agua para el viaje y nuestra guía, al pedirnos los billetes, se aseguraba de que fuésemos preparados.  Tomamos la carretera F88, sólo apta para 4x4, que bordea el río Jókulsá á Fjöllum y que atraviesa Ódadahraun (Lava de Actos Maléficos), el mayor campo de lava del mundo con una extensión de cinco mil kilómetros cuadrados, llamado así por los proscritos que supuestamente se escondieron aquí en el siglo XIX. La guía nos iba explicando en inglés los diferentes tipos de lava que había en Islandia, y que especificamente en esta zona la lava era llamada Pahoehoe, nombre hawaiano. La primera parada fue al borde del río para vadear el Grafarlandaá, un afluente del Jókulsá. Estuvimos haciendo fotos a una cascada y caminamos un poco hasta encontrar el autobús, que había cruzado el río por su cuenta.
La próxima parada fue en el verde oasis de Herdubreidarlindir. Ahí nos contaron la historia del único hombre que ha sido desterrado y perdonado por la justicia islandesa en los tiempos en que los asesinos y ladrones eran desterrados a las Tierras Altas. De allí no podían volver bajo amenaza de que cualquier hombre podía matarlo sin miedo a ser juzgado por ello, excepto que resistiera 20 años en los Highlands, entonces era perdonado y podía volver a la ciudad. El protagonista de esta historia, Eyvindur Jónsson, un ladrón de ovejas, fue condenado pero huyó y vivió 10 años escondido en las afueras donde finalmente fue detenido. Listo para ser ejecutado, el hombre consiguió escapar nuevamente con un caballo robado y llegó mucho más lejos, donde nadie pudiese encontrarlo: Herdubreidarlindir. Previendo el invierno, que para él fue el más crudo de su vida como proscrito, utilizó un tipo de hoyo en el suelo de donde surgía un manantial. Después, mató el caballo y lo colocó de tal manera que tapaba el hoyo. Sobrevivió comiendo carne de caballo y raíces de Angélica. El agujero que vimos era bastante pequeño, así que no sé si esto es leyenda o realidad. En este lugar hay un refugio para los que quieren pernoctar, así que aprovechamos para merendar y anduvimos un poco por la lava siguiendo las rutas marcadas.
Después de cruzar unos cuantos ríos, divisamos a lo lejos entre la niebla a Herdubreid, la reina de las montañas islandesas y un claro ejemplo de móberg o montaña de cima plana de origen volcánico subglaciar. Hicimos un alto en la zona donde en 1967 el astronauta Neil Armstrong realizó pruebas de aterrizaje antes de viajar a la Luna. El terreno fue escogido por su semejanza a la Luna y el propio Neil confirmó a su regreso el extraordinario parecido. Caminamos por esta lava blanda un rato haciéndonos fotos y volvimos al autobús hasta llegar a nuestro destino final: la caldera de Askja.
El autobús nos dejó en el parking y teníamos tres horas para la visita. Comenzamos el recorrido por la llanura de lava con un viento gélido y una llovizna persistente. 45 minutos después estábamos contemplando el enorme cráter de Askja, convertido ahora en el lago Öskjuvatn, y formado en la gran erupción de 1875 que provocó que 50 kilómetros cuadrados de montañas se hundieran. La guía nos había contado que en este lago, el más profundo de Islandia con 217 metros, en 1907, se adentraron dos investigadores alemanes en un bote y desaparecieron entre las fuertes corrientes y remolinos, por lo que no es apropiado para el baño. Dentro de la caldera de Askja se originó en la misma erupción de 1875 un nuevo cráter de 150 metros de diámetro que también se rellenó de agua y al que llamaron Viti (infierno). La tradición islandesa es tomar un baño nudista en el cráter y nosotros no dejamos escapar la oportunidad. Bajar es bastante peligroso y resbaladizo, pero lo conseguimos y estuvimos nadando bajo la lluvia en el agua caliente, totalmente desnudos junto a varios desinhibidos turistas. Intimidaba un poco ver salir burbujas desde el fondo, teniendo en cuenta que estábamos en un volcán, pero decidir salir de esta maravillosa agua caliente para vestirnos bajo la lluvia y el frío era peor opción.  Las tres horas se nos fueron volando, porque casi se pierden dos en el camino de ida y vuelta. Hicimos unas fotos y volvimos al autobús cuando ya todos estaban dentro esperándonos.
Habíamos dejado para la vuelta la visita a Drekagil (quebrada del dragón), un cañón cercano, que sirve de punto de partida para el senderismo por la zona de Askja. Caminamos por el cañón vadeando un riachuelo y llegamos hasta una pequeño salto de agua que, aún después de ver tantas cascadas, nos sorprendió porque no lo esperábamos.
Seguimos viaje y yo aproveché para dormir. Llegamos a las 8 de la noche a Reykjalid. Compramos algo de comida en el supermercado y nos fuimos al camping a cenar y dormir.

lunes, 11 de enero de 2010

Blönduós, Varmhalid, Hólar, Olafsfjördur, Akureyri, Godafoss, Húsavík... 13 de agosto de 2009

Nos levantamos, desayunamos y pasamos a ver la moderna iglesia del pueblo por fuera, pues era demasiado temprano y estaba cerrada al igual que el museo textil, así que compramos comida en el Sankaup, un supermercado un poco más caro que el BONUS, pero precios como en BCN, y seguimos hasta Varmahlid.
Por el camino paramos en la iglesia Vidim Rarkirkja construida en 1834, una de las seis iglesias de madera recubiertas de turba que quedan en Islandia. El interior esta dividido según la jerarquía de los fieles, los ricos se sentaban cerca del altar y las embarazadas fuera del matrimonio en un sitio más bajo. La entrada nos costó 800 kr.





Al fondo de la iglesia un pequeño cementerio, en sus alrededores pastaban tranquilamente los caballos islandeses y uno de ellos nos ofreció su mejor sonrisa para la foto.

Seguimos por la carretera hasta Glaumbaer, un museo abierto en 1948 para mostrar como se vivía en una antigua granja del siglo X construida en turba y ejemplo de vivienda típica islandesa. La entrada nos costó 600 kr por persona. Se puede visitar también la Casa Ashús habitada hasta 1977, que muestra en la segunda planta, la cocina, comedor y habitaciones típicas de la Islandia rural del siglo XX y en la primera planta se encuentra la cafetería.

Pero la visita más interesante es la de la granja de turba.
Las paredes están hechas de piezas de cesped colocadas de varias formas, debido a la falta de piedra en la zona y la madera usada para la construcción era la que llegaba al país mediante las corrientes marinas. Formada por la casa principal y cuatro estancias anexas que servían de talleres, herrería o almacenes. La cocina es la estancia  más antigua, de mediados del siglo XVIII donde hacían los embutidos, ahumaban las carnes y pescados y lavaban la ropa. Hay varios cuartos de huéspedes donde se exponen utensilios de la época y una gran sala común donde vivían y trabajaban la mayor parte del tiempo, sobretodo en invierno.
Al lado de la casa principal se encuentra la iglesia y otra vez encontramos la escultura de la barca con la mujer y el niño que habíamos visto en la península de Snaefells, pues se cuenta que la primera iglesia de Glambaer fue mandada a construir por Snorri Porfinnsson, el primer niño europeo nacido en América.
 
Seguimos nuestra ruta por la península de Tröllskagi para visitar Hölar, una aldea del interior donde estuvo ubicada la sede episcopal del norte de Islandia entre 1106 y 1798. Visitamos la catedral más vieja de Islandia construida en piedra arenisca roja en 1763 sobre la anterior catedral de madera del primer obispo Jón Ögmunarson. La catedral funciona como museo y la entrada es gratuita. Conservan la pila baustimal de piedra, un retablo del siglo XV y la biblia de Gudbrandur, la primera biblia islandesa impresa en Holar en 1584, por el obispo Gudbrandur Porláksson quien hizo parte de la traducción al islandés y grabó las letras capitales.

Al lado de la catedral se encuentra la torre de 27 metros de altura construida en 1950 para conmemorar los 400 años de la muerte del obispo Jón Arason, el último obispo católico del país, que fue ejecutado al negarse a aceptar el luteranismo impuesto por Dinamarca. Dentro de la torre del campanario se encuentra la tumba de Jón.
Cerca de la catedral se encuentra Nyibaer, una granja de madera y techos de turba construida en 1860 por Benedikt Vigfusson, que en 1824 había comprado el lugar. La construcción es típica del siglo XIX y casi exacta a Glaumbaer, pero las habitaciones están vacías.

Seguimos bordeando el fiordo y llegamos a los 2000 km al pasar por Hofsós. Por el camino continuaban apareciendo caballos y montañas nevadas hasta llegar a Ólafsfjördur, una ciudad ubicada junto a una bahía y resguardada por montañas de hasta 1200 metros de altura. Recorrimos el pueblo en coche y paramos en la iglesia, pero estaba cerrada y decidimos visitar el Museo de Historia Natural.
La entrada nos costó 500 kr. El museo es pequeño y muestra una colección de aves marinas disecadas y un centenar de huevos. Si se tiene poco tiempo se puede prescindir de la visita y continuar la ruta. Como era hora de comida decidimos buscar un sitio para comer algo típico, y lo más típico de Islandia es la comida rápida, jajaja. Así que elegimos un restaurant llamado Höllin que al parecer hacía pizzas. En este pueblo creo que sólo estábamos nosotros, parecía que todo el mundo dormía la siesta excepto el chico del museo y la chica del restaurant. Miguel se pidió un sandwich Björg con pollo, bacon y papas fritas más coca cola y yo pollo con papas fritas y fanta, todo esto por 3000 kr, unos 16 € al cambio.
Con la barriga llena y el corazón contento continuamos viaje hacia Dalvik, pasando un túnel de más de 3 km que atraviesa el fiordo y por el que  sólo cabe un coche. Hay varios descansos en el túnel para dejar pasar al coche que viene en sentido contrario y aunque parezca raro la cosa funciona y no vimos ningún incidente. Al llegar a Dalvik seguimos de largo pues en la guía sólo se hablaba de un museo folklórico como tantos que habíamos visitado y de rutas de senderismo que no nos interesaban.
Continuamos disfrutando del paisaje hasta llegar a Akureyri, la principal ciudad del norte de Islandia. Aparcamos el coche y caminamos hasta la calle principal Hafnarstraeti, donde están ubicadas las tiendas de souvenirs, librerías, cafeterías y por donde se mueven todos los turistas.
Después de mucho mirar decidimos no comprar nada y visitar la catedral. Una escalinata de 112 peldaños permite llegar hasta ella. Es una iglesia moderna construida en 1940 por el mismo arquitecto que construyó la de Reikjavik, Gudjón Samúelsson. En las paredes laterales hay vidrieras con imágenes de los obispos que vivieron en Hölar y en el centro una vidriera perteneciente a la iglesia inglesa de Coventry que fue bombardeada por los alemanes en la segunda guerra mundial.
Cerca de la iglesia está la casa museo de Matthías Jochumsson, el autor del himno de Islandia, pero no pudimos visitarla porque estaba cerrada. Buscamos en la guía qué otra cosa podíamos hacer y como ya eran más de las 5 de la tarde todos los museos estaban cerrados, así que decidimos volver a la carretera y llegar a Husavik a dormir.
Camino de Húsavík encontramos una de las cascadas más impresionantes de Islandia, Godafoss que siginifica Cascada de los dioses y es llamada así porque en este lugar una portavoz de la ley del Alping arrojó los ídolos de los dioses nórdicos ratificando la adopción del cristianismo en el país. Como siempre nos pasaba en las cascadas comenzó a llover, pero ya estábamos acostumbrados al clima islandés, era sólo cuestión de esperar 5 minutos y saldría el sol... y así fue, con arcoiris incluido. Estuvimos un buen rato allí haciendo fotos y disfrutando del paisaje.
Continuamos la ruta hacia Húsavík y llegamos al camping cerca de las 10 de la noche. Preparamos una sopa para cenar pues la noche era muuuy fria y húmeda. El camping estaba bastante lleno y tuve que esperar cerca de las 12 de la noche para ducharme, así que, mientras Miguel dormía en la tienda yo caminé hacía donde se ocultaba el sol, para disfrutar de la noche blanca y hacer algunas fotos, pues la guía decía que esta ciudad era la mejor para ver el sol de medianoche. Esta fue la última noche en la que dormimos gratis.